lunes, 21 de diciembre de 2009

Limbo


¿Cómo dicen morir en el abismo

los cuerpos sin nombre bajo la tierra?

¿A qué sitio vuela el recuerdo

de la humillación tras los tormentos?

¿Desbaratan tanto macabro juego con la muerte

las memorias de la luz

bajo la venda harapienta de unos ojos?

¿Es lo opuesto a las heridas un clamor de pájaros

ajetreando desde algún cielo?

¿Hacia dónde se desvían miles de rostros

todavía siempre inmaduros para la caída?

¿Quiénes aguardan al otro lado del espanto?

¿Qué imágenes arrastran a sus cuerpos de sus almas?

¿Qué tortuosa densidad engendra

el último lamento en la caída?

¿Sirve la handkiana utopía

de que ningún dolor se desvanece?

¿Dónde cometer el último crimen

de esparcir un puñado de polvo sobre sus párpados

que jamás cierran los ojos?

¿Habrá verdugo capaz de amortajarles la conciencia

o tinieblas de donde la oscuridad

no pueda obtener mayor pureza?



Viviana Cecilia Atencio


Dibujo: Paloma Blázquez Crespo

viernes, 18 de diciembre de 2009

El peso de los sueños








No esperó a que rodaran

las hojas leves del otoño

el tronco se le quebró sobre los hombros

con todo el peso de los sueños


Cuando se descubrían a cierta distancia

buscaban reducir el espacio

hasta alcanzar esos escasos milímetros

en que los cuerpos cobran

las dimensiones del deseo


¿Cuál es el punto en que la mente

se enajena del dolor?


Las mismas palabras

pero distintos destinos





Vivir es esperarse

nos sorprendemos volando

sobre el humo de alguna rama

o nos pensamos bajo la lluvia

creciendo de nosotros mismos

o nadamos en su olor

como sudorosos animales nuevos

nacidos de sus propias aguas




Texto: Viviana Cecilia Atencio



Fotografía: Daniel González Irún, http://lafabrica1.blogspot.com/


Ilustración: Paloma Blázquez Crespo, http://palomablazquezpoemas.blogspot.com/








Las semillas del fuego





Porque Zeus
es un dios caprichoso
que da y quita la vida
con la razón de la locura
de su propio deseo
por amor robó el fuego Prometeo
para protegernos del frío de la muerte

Proporcional a la ternura de Prometeo
fue la venganza de Zeus:
le robó su libertad
encadenándole a una vida de dolor
le envió aquella águila
que roía sus entrañas de día
reconstituidas obsesivamente
por la refinada crueldad
de las noches húmedas del Cáucaso

Pero Heracles
hijo de Zeus y de Hera
mortal en virtud de los adulterios de su padre
camino al jardín de las Hespérides
se topó con el triple horror de Prometeo:
ser torturado pero nunca hasta la muerte
ser sanado para recomenzar un círculo de espanto
y jamás nunca poder morir o partir

Y el Hércules de Roma
se rebeló contra la injusticia divina
disparando al corazón del pájaro oscuro

Pero Zeus no intentó más castigos
tal vez porque temía al odio de su hijo
tal vez por que la gloria de Heracles
era la suya propia

Desde entonces es libre el ladrón
de las semillas del fuego
en la rueda del sol
pero guarda en un dedo
como un sueño cotidiano
el recuerdo de aquellos días
y sus noches:
una anilla unida
a un trozo de la piedra
que soportaba su martirio
de esclavo eterno…




Texto: Viviana Cecilia Atencio
Ilustración: Paloma Blázquez crespo