martes, 5 de abril de 2011

Coniuro silentio


Hic situs est. Sit tibi terra levis



Precipicio,
estela de fragmentos sin nombre,
entierro invisible en la agonía sin voz.

La nada dispara al vacío
tinta seca, sangre
que muere y que no nace.

Cuando el trazo sucumba hasta el olvido
no se cerrará el puño, no se grabará
el cuerpo que pertenece al iris.

No hay aire ni asfixia
cuando ni blanco ni negro
significan miedo.

Buscarían como niños
la primera palabra
que naufragaría sin ser.

No se admite lágrima
ni sonrisa en el limbo del ser
que será jamás.

Los recuerdos no son sin respirar
en la proyección de la sombra sobre el abismo
fuera de fin y sin llegada.

Si hubiera dedos
perseguirían los márgenes
para derrumbarse.

En la mente ojos ciegos
inventarían azules escapados de sueño
si la existencia.

Todo acto fue desterrado
como el tiempo disipado
en su ficción que calla.


Viviana Cecilia Atencio

Manifiesto Oniris





Limpio de culpa como sangre humana,
océano.
Discurrir en las venas del tiempo,
latido.
Es historia y olvido y memoria.
Ir y venir.
Ser dentro fuera.

Peces con branquias, peces con plumas,
delfines junto a gaviotas que
beben de la misma fuente
o de una boca
en otra boca
de agua.

Lágrimas escritas a sorbos de ayer ¿serán mañana?
Beber, fingir que no son gotas sino pasos
el camino de una mano en el río,
multitud de pies bañándose
de dos en dos al uno
olas como pájaros.

En la palabra felicidad que atraviesa el mundo desplegado
en sus dedos de condición humana la mujer estalla.
El sonido de la respiración, el latido del pecho,
el infinito atravesándonos como humedad.
A veces es la elección del fracaso,
otras, poesía, belleza solidaria
solitaria.
Vicio.

¿Es nuestro mundo un anciano de nacimiento?
¿Nacerá el paisaje del excremento social?
¿El hambre necesita disparos en la
frente de la liebre? ¿Tendrá su día
el vuelo de la mariposa?

La libertad es una mujer comunera
con hijas rojas vertidas en la historia.

Creación de la destrucción de la mentira.
Ideología de la desesperación, no fe, espera.

No queremos la eterna esperanza
de la muerte mejor mañana.
¿hasta dónde llegaremos?
¿no llegar, es destino?
Podemos crear un destino.

No poseemos a nuestros hombres
No poseemos a nuestras mujeres.
No poseemos a nuestros hijos.
No prescindimos de toda moral.
El pasado no fue mejor.

Con los hilos de los muertos tejemos sueños.
y también con la piel de una voz.
La imaginación nos salva, nos condena.
Bailamos valses a la orilla de la luna.
Desayunamos lenguas de algas y estrellas.
Escuchamos las confidencias de los locos.
Buceamos aturdidas de pensamientos,
de hambre de alguien, de algo o de algún lugar
que ni siquiera nos atrevemos a imaginar por temor a llorar.

A veces somos invisibles
como la sonrisa de una durmiente,
como una lágrima de mujer que teme.
Otras somos el aullido del pasado
en el segundo universal de la infamia.


Viviana Cecilia Atencio


Ilustración: Paloma Blázquez Crespo